¿Por qué dormir poco da hambre? Sueño y peso corporal

Dos grupos siguieron la misma dieta. Quienes durmieron menos perdieron menos grasa y más músculo. El déficit calórico era idéntico en ambos.

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¿Por qué dormir poco da hambre? Sueño y peso corporal

En resumen

En hombres sanos que durmieron 4 horas dos noches seguidas, la leptina (hormona de la saciedad) bajó un 18 % y la grelina (hormona del hambre) subió un 28 %; el hambre declarada aumentó un 24 % y el apetito se desplazó específicamente hacia alimentos densos en calorías y ricos en hidratos. Lo contrario también se cumple: cuando adultos con sobrepeso que dormían menos de 6,5 horas alargaron su sueño una media de 1,2 horas, la ingesta diaria bajó unas 270 calorías sin ninguna indicación dietética.

Dos hormonas: leptina y grelina

El apetito se decide, antes de que intervenga la fuerza de voluntad, por el equilibrio de dos hormonas. La leptina la libera el tejido graso y le dice al cerebro que las reservas de energía son suficientes. La grelina la libera el estómago y dice lo contrario: hora de comer.

En un estudio controlado publicado en 2004, hombres jóvenes sanos durmieron 4 horas durante dos noches y luego 10 horas otras dos. Comida, actividad y entorno se mantuvieron constantes. En la fase de sueño corto la leptina cayó un 18 % y la grelina subió un 28 %. El hambre declarada aumentó un 24 %, y no al azar: el apetito se desvió hacia lo dulce, lo salado y lo almidonado.

El detalle importante es que los participantes no habían gastado más energía. El cuerpo respondía no a un déficit real, sino a una señal falsa de hambre creada por la falta de sueño.

Mismo déficit, distinto resultado

El hallazgo más llamativo vino de personas que estaban a dieta. Adultos con sobrepeso siguieron dos semanas la misma restricción calórica. La única variable era el sueño: 8,5 horas por noche en una fase y 5,5 en la otra.

La pérdida total de peso fue parecida en ambas fases, unos 3 kilos. Pero de dónde salía ese peso fue completamente distinto. Con 8,5 horas, más de la mitad de la pérdida fue grasa. Con 5,5 horas, la pérdida de grasa cayó un 55 % y la mayor parte vino de masa magra, es decir, músculo.

Es un resultado que la báscula no puede mostrar. En ambas fases la báscula decía lo mismo; la composición corporal decía algo muy distinto. Aunque el déficit calórico esté bien planteado, el sueño influye en de dónde se paga.

Cada hora despierto es una oportunidad de comer

Junto a las hormonas actúa un mecanismo mucho más simple: despierto se puede comer, dormido no.

Un estudio de restricción de sueño en adultos sanos observó que, al dormir 4 horas por noche, la ingesta diaria aumentaba, y que ese aumento venía en gran medida de picoteos entre las 22:00 y las 4:00. Solo esas calorías tardías llegaban a varios cientos al día, y los participantes ganaron peso en una semana.

Es decir, el efecto llega por dos vías: las hormonas aumentan el hambre y la vigilia prolongada aporta horas de más para saciarla.

¿Alargar el sueño reduce la ingesta?

Todos los estudios anteriores restringen el sueño. La respuesta a la pregunta que de verdad interesa —¿sirve alargarlo?— llegó con un ensayo aleatorizado publicado en 2022.

Adultos con sobrepeso que dormían menos de 6,5 horas recibieron una única sesión de asesoramiento en higiene del sueño. No hubo pauta dietética, ni recuento de calorías, ni prescripción de ejercicio. Siguieron viviendo en sus casas y la ingesta se midió de forma objetiva con el método del agua doblemente marcada.

La duración del sueño aumentó de media 1,2 horas. La ingesta diaria bajó una media de 270 calorías respecto al grupo control. En algunos participantes la reducción superó las 500. En dos semanas apareció una diferencia de peso medible, sin decirle a nadie qué comer.

Qué significa en la práctica

El sueño no es un detalle que acompaña al plan de alimentación: es una de las variables que determinan si el plan funciona. Para quien cuenta calorías, la conclusión más concreta es esta: el «hambre» que registras en un día de mal sueño puede reflejar una señal distorsionada y no una necesidad real de energía.

  • El rango objetivo para la mayoría de personas adultas es de 7 a 9 horas por noche.
  • Si el apetito se dispara tras una noche corta, no lo leas como falta de voluntad: es un efecto hormonal medido.
  • Recortar sueño durante una dieta aumenta la parte de la pérdida que viene del músculo; la báscula no lo muestra.
  • Alargar el sueño puede bajar por sí solo la ingesta diaria, sin cambiar nada de la dieta.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas horas necesito?

La recomendación general para personas adultas es de 7 a 9 horas por noche. En los estudios, los efectos metabólicos adversos suelen hacerse claros por debajo de 6 horas. La necesidad individual varía, pero quienes de verdad rinden bien con 4-5 horas son mucho menos frecuentes de lo que se cree.

¿Puedo dormir poco entre semana y recuperar el fin de semana?

En parte. El sueño de recuperación salda una porción de la deuda, pero no se ha demostrado que los efectos sobre las hormonas del apetito y la regulación de la glucosa se reviertan del todo. Una duración constante da mejor resultado que una media fluctuante.

¿No quemo más calorías si estoy despierto más horas?

El gasto sube algo durante la vigilia, pero el incremento es pequeño y queda eclipsado por el aumento de la ingesta. Los estudios acaban siempre en superávit energético: lo que se gasta de más por estar despierto no cubre lo que se come de más por el hambre.

¿Adelgazaré solo con arreglar el sueño?

No hay garantía, pero el efecto es medible. En participantes que alargaron el sueño, la ingesta diaria bajó una media de 270 calorías sin ninguna intervención dietética. Arreglar el sueño no sustituye a una dieta: le facilita el trabajo.

Fuentes

  1. 1.

    Spiegel K, Tasali E, Penev P, Van Cauter E Brief Communication: Sleep Curtailment in Healthy Young Men Is Associated with Decreased Leptin Levels, Elevated Ghrelin Levels, and Increased Hunger and Appetite. Annals of Internal Medicine, 141(11), 846-850, 2004. doi:10.7326/0003-4819-141-11-200412070-00008

  2. 2.

    Nedeltcheva AV, Kilkus JM, Imperial J, Schoeller DA, Penev PD Insufficient Sleep Undermines Dietary Efforts to Reduce Adiposity. Annals of Internal Medicine, 153(7), 435-441, 2010. doi:10.7326/0003-4819-153-7-201010050-00006

  3. 3.

    Spaeth AM, Dinges DF, Goel N Effects of Experimental Sleep Restriction on Weight Gain, Caloric Intake, and Meal Timing in Healthy Adults. Sleep, 36(7), 981-990, 2013. doi:10.5665/sleep.2792

  4. 4.

    Tasali E, Wroblewski K, Kahn E, Kilkus J, Schoeller DA Effect of Sleep Extension on Objectively Assessed Energy Intake Among Adults With Overweight in Real-life Settings: A Randomized Clinical Trial. JAMA Internal Medicine, 182(4), 365-374, 2022. doi:10.1001/jamainternmed.2021.8098

Ecem Akkaba

Revisado por

Ecem Akkaba · Dietista

Dietista, graduada por la Universidad İstanbul Medipol. Elabora las recetas y los valores nutricionales de FitZen.

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